¿Qué creen los mormones sobre la “gracia”?

Abril 22, 2015 • Acerca de los mormones, Los Mormones • Views: 1629

¿Qué es lo que los mormones creen sobre la gracias? Las respuesta de estos tres autores mormones podrían sorprenderte.

Sheri Dew

En su nuevo libro “Asombrado por la gracia” Sheri Dew habla sobre el poder habilitador de la gracias y cómo constantemente accedemos a ella. Ella escribe:

“Cuando el apóstol Pablo dijo: ‘Todo lo puedo en Cristo que me fortalece’, él estaba describiendo la gracias”. Más adelante ella dice que “el caudal de ayuda divina es continua, presente en todas partes y esperando que nosotros la busquemos”.

Ella lo explica ilustrando este punto con una analogía, “no debemos tratar o pensar en el Señor así como a veces lo hacemos en cuanto a nuestros maestras visitantes o maestros orientadores cuando estamos enfermos o necesitamos algo de ayuda, tenemos la dejarlos entrar para ayudarnos hasta que podamos solucionar nuestros problemas o limpiar primero la casa. Si pensamos que tenemos que vencer un mal hábito o una adicción por nosotros mismos antes de que busquemos ayuda, es porque probablemente no entendemos la gracias”.

Sin embargo, cuando entendemos la gracias y trabajamos diariamente para cambiar y ser mejores, la hermana Dew nos asegura que “Jesucristo soportó y completó Su Expiación eterna e infinita para que tú y yo pudiéramos cambiar. Para que que no estuviéramos tropezando en nuestros pecados o nuestras persistentes debilidades y fuéramos condenados por la eternidad. Para que no tuviéramos que pagar por nuestros pecados para siempre, el precio de los cuales ninguno de nosotros tiene la capacidad de pagar. Para que pudiéramos seguir aprendiendo y practicando siendo santos (sabiendo que la práctica siempre involucra errores). El Señor ha dejado en claro que nada impuro puede morar con Él, pero está igualmente claro que ninguna persona impura, es decir una persona que no halla cambiado, querría hacerlo”.

Pero la gracia de Cristo, nos recuerda la hermana Dew, no es una transacción por única vez. “No obstante, el Señor no está ahorrando Su gracia o poder para una dramática demostración en el Juicio Final, ni la gracias es algo que se presenta al final del suplicio. Está ahí desde el momento en que ejercitamos aunque sea un ‘partícula de fe’ y pedimos Su ayuda”.

Brad Wilcox

Brad Wilcox suma su descripción a la de la hermana Dew, a la gracia como una fuente de luz y energía, no solo como un don que será dado al final de nuestras vida. Él también nos recuerda que la gracia tiene como fin darnos fortaleza y poder constantemente si es que la buscamos. Él escribe en “La Expiación Continua para adolescentes”:

“El poder de Cristo no es un generador de emergencia que se activa una vez que se acaben nuestros suministros. No es un motor de refuerzo para cuando se nos agote el vapor. Es más bien nuestra constante fuente de energía. Si pensamos en que Cristo solo compensa la diferencia después de hacer nuestra parte, estamos fallando en guardar la promesa que hacemos cada domingo de recordarle siempre”. Él continúa citando al élder Bruce C. Hafen quien confirma que “El don de la gracia del Salvador para nosotros no es necesariamente limitada al momento de ‘después’ de hacer todo cuanto podamos. Podemos recibir su gracia antes, durante y después del momento en que usamos nuestros propios esfuerzos” (Broken Heart, 155).

El hermano Wilcox también indica que la naturaleza continua de la gracia “requiere un poder habilitador continuo. Requiere más gracia que de la que podríamos diagramar, graficar o trazar en una pizarra, o de la que se puede encontrar en una concisa explicación de responsabilidades contractuales”. Adicionalmente dice, “tal poder se encuentra al ir más allá de solo definir partes, sino en forjar una relación con Dios y Cristo, lo cual es más grande que la suma de las partes. Cuando finalmente pasemos el velo que nos separa con el reino celestial, no será como individuos que hayan hecho su parte. Será llevados de la mano con el Señor. En ese día sagrado no habrá un Él o yo, sino un nosotros”.

Robert L. Millett

Robert L. Millett dio un discurso en febrero de 1998 llamado “Lo que creemos”. En él se refirió a que esa gracia es algo que ya tenemos, no algo que ganemos gracias a nuestro trabajo duro. La gracia nos da esperanza. Él dice:

“Muy a menudo tendemos a ver la gracia como un incremento de bondad, ese don final de Dios que reconcilia las diferencias y, de ese modo, nos lleva al reino celestial “después de hace todo cuando podamos” (2 Nefi 25:”3). Para asegurarnos, necesitaremos una medida completa de ayuda divina para convertirnos en material celestial. “Pero, la gracia de Dios, a través de Jesucristo nuestro Señor, está disponible para nosotros a cada hora de cualquier día de nuestras vidas. La ‘verdadera gracia’, así como un escritor que no es SUD sugirió: ‘es más que solo un regalo gigante, abriendo la puerta del cielo en el dulce porvenir, mientras nos revolcamos en nuestros pecados en el amargo aquí y ahora. La Gracia es Dios trabajando en este momento en nuestras vidas’ (John F. MacArthur, Jr., Faith Works: The Gospel According to the Apostles pg. 32).”

El invaluable don de la gracia, explica el hermano Millet, es algo que podemos y debemos usar en cada aspecto de nuestra vida. “La gracia de Dios es un preciado don, un poder habilitador para enfrentar la vida con silenciosa valentía para hacer cosas que nunca podríamos hacer por nosotros mismos. El Gran Médico hace más que perdonar pecados. Él ministra socorro para los desconsolados, alivio a los afligidos, confianza a quienes luchan con debilidades y con sentimientos de ineptitud, y fuerza y paz para quienes han sido maltratados y asustados por las ironías de la vida (ver  Isaias 61:1–2Alma 7:11–13)”.

Él también conecta la idea tradicional de “ser salvo” al compararlo con la gracias. Ambos, de acuerdo con el hermano Millet, obra codo a codo y deben ser parte de nuestras vidas diarias. “¿Somos, entonces, ‘cristianos salvos’? Mientras que la máxima bendición de la salvación no viene sino hasta la siguiente vida, tiene sentido el que las personas en esta vida puedan disfrutar de la seguridad de la salvación y la paz que acompaña ese conocimiento (ver D. y C. 59:23). La verdadera fe en Cristo produce esperanza en Cristo, lo que no es un deseo mundano sino expectación, anticipación, seguridad. Así como escribió el apóstol Pablo, el Espíritu Santo provee la ‘garantía de vuestra herencia’, la promesa o evidencia de que estamos en curso, en el convenio y, por tanto, en dirección a la salvación plena en el mundo venidero (Efesios 1:13–14; ver 2 Corintios 1:21–225:5).

Ese es el Espíritu de Dios funcionando en nuestra vidas como el “depósito de garantía” del Señor en nosotros, su dulce certificación de que él intenta seriamente salvarnos con salvación eterna. Por tanto, si esforzamos en cultivar el don del Espíritu Santo, vivimos en, lo que podríamos llama, “condición de salvo”.

Fuente: LDS Living

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