4 Formas de Pensar Sobre la Santa Cena

marzo 17, 2015 • Los Mormones, Reflexiones sobre Jesucristo • Views: 4880

Cada semana tomamos, literal y simbólicamente, el nombre de Cristo, quien es el Pan de Vida y el Agua Viviente. Como los nefitas de la antigüedad, tenemos la oportunidad de participar de la muestra física de Su sacrificio. El Elder L. Tom Perry dijo “Participar de los sacramentos nos provee de un momento sagrado en un lugar sagrado”. Aquí te presentamos 4 formas de pensar en los sacramentos que nos ayudarán a tener momentos sagrados en lugares sagrados.

1. El significado de la Pascua y del pan ácimo

Jesús instituyó los sacramentos al final del Banquete de Pascua mientras partía el pan y declaraba “Éste es mi cuerpo.” Si hubiéramos sido judíos en aquel tiempo, habríamos entendido mejor el significado de esta frase por el tipo de pan que Él usó para representarse a sí mismo.

Durante la Pascua, solo el pan sin levadura (o pan ácimo) podía ser usado, el mismo tipo de pan que se usaba en los sacrificios de animales ofrecidos en el templo.

En aquella época el pan era leudado añadiendo un poco de la masa vieja y fermentada a una nueva masa. Esto ayudaba al pan a hincharse, pero eventualmente lo agriaba y pudría. La fermentación era vista entonces como un símbolo de orgullo, pecado y caída espiritual. Solo Jesús podía compararse con el pan sin fermentar, completamente libre de contaminación o decadencia.

Un pedazo especial de pan sin leudar llamado afikomen era guardado en una servilleta y escondido al comienzo de la cena de Pascua. Al final de la misma, el que dirigía la cena tomaba el pan, lo partía en pequeños pedazos y los distribuía a cada persona presente. Se presume que Jesús siguió esa misma costumbre cuando partió el pan y lo distribuyó a sus apóstoles.

El erudito judío David Duabe dice que el afikomen representaba al Mesías en aquel momento, y su esperada aparición al final de la comida simbolizaba Su tan esperada venida. Por eso cuando Jesús proclamó “este es mi cuerpo,” se estaba anunciando a sí mismo como el Mesías.

Pero ¿por qué Jesús decidió presentar los sacramentos en una cena de Pascua? Debido a que había varias lecciones que quería que recordáramos cada semana.

  • Él es el único cordero de Pascua, el que no tiene pecados, el pan sin levadura. Solo mediante Su perfecto Sacrificio podemos ser limpios y obtener salvación.
  • Él es el que libero a los israelitas de Egipto (la historia principal de la cena de Pascua) y Él tiene el mismo poder en nuestras vidas.

Cuando tomamos los sacramentos con estas enseñanzas en mente, admitimos nuestra convicción de que Jesús no tiene pecado, que es nuestro Mesías, el Único al que tenemos que recurrir para libración, dirección y paz.

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2. La reunión sacramental es recordatorio del funeral de Cristo

Cualquier persona que muere siendo aún muy joven es razón suficiente para un gran luto, especialmente si ese joven era amable, fiel, y más aún si sufrió de una muerte cruel e injusta.

Los servicios funerarios ofrecidos en honor a ese joven serán llenos de amigos quienes recordarán solemnemente la legacía de la hermosa vida del muchacho y se comprometerán a vivir mejor. El ataúd estará listo y la música tocará incluso antes de que el servicio comience oficialmente. La reunión estará enfocada y será poderosa, ya que todos estarán pensando acerca de la vida del muchacho, lo que significó para ellos y como lo recordarán.

Los sacramentos simbolizan el sacrificio expiatorio de Cristo, su muerte y su resurrección, y son el centro de los servicios dominicales. Servicios que son realmente una especie de funeral.

Esta idea nos presenta algunas lecciones importantes:

  • Aunque no usemos el símbolo de la cruz como recordatorio, la muerte de Cristo tiene un profundo significado: es esencial para nuestra vida eterna.
  • Una reunión formal es una forma importante de recordar a alguien. La reunión sacramental es un tiempo que tenemos de renovar nuestros convenios, pero también es una oportunidad de guardar la promesa que hicimos de recordar a Cristo.

Cuando Jesús murió, la tierra tembló en todo el hemisferio occidental y oriental. La luz del sol se escondió en el occidente y “la luz del Hijo” fue removida del hemisferio oriental.

Su muerte no pasó desapercibida. Y en nuestras reuniones sacramentales tampoco se debería pasar desapercibido Su sacrificio y lo que significó Su muerte para nosotros.

Como en cualquier funeral, debemos llegar temprano y preparados, ser solemnes y reverentes, y enfocar la reunión enteramente en Él, a quien tenemos el honor de adorar.

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3. El simbolismo del Nacimiento de Cristo y de nuestro renacimiento espiritual

Cuando Poncio Pilato le pregunto a Jesús si Él era un rey, Jesús le respondió “Para esto he nacido.” Los sacramentos nos sirven como recordatorio del propósito de Su nacimiento, y de Su divina naturaleza.

El Elder Neal A. Maxwell dijo: “Nosotros mismos somos los responsables de decidir si tenemos lugar para Jesús.” Cuando tomamos humildemente los sacramentos, simbólicamente estamos viniendo a Su establo. Como los Reyes Magos, traemos nuestros mejores regalos cuando venimos con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, y reconocemos al Señor como nuestro Salvador. Le hacemos lugar a Él en nuestras vidas y guardamos nuestro convenio de recordarlo siempre.

Cuando tomamos la Santa Cena, estamos renovando los convenios que hicimos al bautizarnos, que fue el momento en que volvimos a nacer. Así que mientras los sacramentos nos recuerdan a Su nacimiento, también nos recuerdan al nuestro.

Hay varias lecciones que aprendemos de este símbolo de nacimiento:

  • Podemos ser limpios. ¿De qué otra manera podría el Señor explicar nuestra pureza, que comparándonos con un bebé recién nacido?
  • Los convenios son serios. El precio de nuestro valor es la expiación de Cristo. Nuestro renacimiento espiritual requería un sacrificio y un sufrimiento aun mayor que el nacimiento físico. Pero de lo que seguramente toda madre puede testificar es que nuestro renacimiento valió la pena para Él, por causa del infinito amor que nos tiene.
  • Podemos ser como Él. Los padres amorosos quieren que sus hijos crezcan, maduren y vivan cada momento que tengan con gozo. Y los entrenan exactamente para eso. Nuestro Padre Celestial es un padre perfecto con un amor absoluto. Él quiere darnos todo lo que posee y nos entrena para que lo tengamos.

Al tomar la santa cena cada semana, podemos recordar el propósito de Su nacimiento y del nuestro, al hacer espacio para Él en nuestras vidas, al traer nuestros mejores regalos y al prepararnos seriamente para tomar la santa cena como cuando lo hicimos al bautizarnos.

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4. Arrodillarse ante el Altar del Sacrificio

Desde el momento en el que Adán y Eva fueron echados del Jardín de Eden, el sacrificio ha sido una parte central del culto. Antes de la expiación de Jesucristo, los sacrificios requerían el derramamiento de sangre de un animal sin mancha, símbolo del sacrificio de Jesucristo.

Despues de Su sacrificio, los sacramentos remplazaron al sacrificio con derramamiento de sangre. Pero esto no remplazo el mandamiento del sacrificio. Jesus nos dijo “Y me ofreceréis como sacrificio un corazón quebrantado y un espíritu contrito.” Nuestro sacrificio es la manera que tenemos de recordar Su sacrificio en el altar de Getsemani.

Esta idea ilustra dos enseñanzas claves:

  • El sacrificio es esencial para la salvación. José Smith enseñó, “Una religión que no requiere sacrificar todas las cosas nunca tendrá el poder suficiente para producir la fe necesaria para la vida y la salvación.”
  • Nuestro sacrificio es un medio poderoso para acceder a Su sacrificio.

El manual de Principios del Evangelio explica, “Sólo por medio del sacrificio llegaremos a ser dignos de vivir en la presencia de Dios; y sólo mediante el sacrificio disfrutaremos de la vida eterna. Muchas personas que han vivido antes que nosotros han sacrificado todo lo que tenían, y nosotros tenemos que estar dispuestos a hacer lo mismo si queremos alcanzar la recompensa que ellos gozan.” La mesa sacramental es nuestro altar de sacrificio, donde podemos presentarnos con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, para ser curados y llenos con el Espíritu Santo.

Una apropiada preparación para un sacrificio incluye traer algo para sacrificar. Las personas de épocas antiguas nunca llegaban al templo sin un animal apropiado para poner en el altar. Teniendo eso en mente, el Elder Don R. Clarke prometió,” Si nos preparamos correctamente para la Santa Cena, podemos transformar nuestras vidas.”

Cuando nos colocamos a nosotros mismos en el altar, nuestras vidas cambian.

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Conclusión

La Santa Cena es la única ordenanza que realizamos por nosotros más de una vez en nuestras vidas. La mayoría de nosotros va a participar de la ordenanza sacramenta miles de veces antes de morir. Por eso, los sacramentos pueden transformarse fácilmente en una rutina donde tenemos un momento tranquilo para meditar, pero también sagrado.

Cuando David O. Mckay hablo sobre los sacramentos, “No existe otra ordenanza más sagrada que se administre en la Iglesia de Cristo.” Al meditar y exponernos a esta y otras ideas, tenemos la oportunidad de apreciar el verdadero significado y profundo simbolismo de los sacramentos. Siempre sera una sagrada experiencia con gran significado.

¿Qué otras cosas pueden ayudarnos a hacer de la Santa Cena un momento sagrado?

 

Fuente: LDS.net

Escrito originalmente por: Lisa Teixeira

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