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	<title>plan de salvación Archives - Los Mormones</title>
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	<description>La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días</description>
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		<title>En la cima de nuestro propio calvario</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Emanuel Ratamal]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 16 Apr 2015 05:15:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[evangelio]]></category>
		<category><![CDATA[Los Mormones]]></category>
		<category><![CDATA[Depresión]]></category>
		<category><![CDATA[Expiación]]></category>
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					<description><![CDATA[<p><img width="1280" height="720" src="https://losmormones.org/files/2015/04/maxresdefault1.jpg" class="attachment-small size-small wp-post-image" alt="" style="margin-bottom:10px;" srcset="https://losmormones.org/files/2015/04/maxresdefault1.jpg 1280w, https://losmormones.org/files/2015/04/maxresdefault1-300x169.jpg 300w, https://losmormones.org/files/2015/04/maxresdefault1-1024x576.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1280px) 100vw, 1280px" />En esta ocasión, quisiera referirme muy particularmente a aquellos que sufren, me refiero a aquellos que se ven día a día sumergidos en el dolor y atormentados por algún tipo de aflicción. Padres que contemplan a la distancia, con dolencia y resignación los tropiezos de sus hijos. Niños, jóvenes y adultos que, presos por la &#8230;</p>
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<p>Me refiero a aquellos días y momentos lúgubres en que padecemos tétricamente en medio de una noche oscura. Aquellas situaciones en que en similitud con el Salvador y su padecimiento en Getsemaní, gemimos bajo la carga de nuestros pesares, aquellos días en que como niños y con la cara bañada en lágrimas expresamos en voz alta: “Padre, si quieres, si es posible, si lo permites… pasa de mí esta copa” (Mateo 26:39). Hablo de esas noches en que el universo parece detenerse y los cielos observan silente. Aquellos largos tramos en que nos hallamos abatidos por el miedo y la incertidumbre, cuando estamos solos y dudamos de un amanecer más generoso, lo cierto es que el amanecer siempre ha de llegar, sin embargo, en muchos casos la alborada no nos ofrece un panorama más favorable. Somos enjuiciados, vilipendiados y criticados, abandonados inclusive por aquellos que prometieron alguna vez permanecer a nuestro lado, y azotados por las terribles y egoístas decisiones de otros y en muchas otras ocasiones por causa de las propias.</p>
<p>Hablo de aquellas instancias finales en que nuestros pasos se hacen más y más dubitativos, y la carga de nuestra cruz parece insoportable, interminable. Y la cima del Gólgota asoma con presunción y pretensión nuestra última parada. Aquel momento en el que una mirada incomprensiva, atónita y desahuciada se eleva a los cielos preguntándose si todavía hay alguien que nos pueda rescatar.</p>
<p>Yo testifico que los poderes de la divinidad recaen sobre nosotros, en el preciso momento en el que expresamos de todo corazón “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lucas 23:46), “Hágase tu voluntad” (Mateo 26:42), y “consumado es” (Juan 19:30).</p>
<p>Declaro además que ninguno de nosotros se aproximará jamás ni en el más mínimo grado al valle de muerte en el que el Salvador Jesucristo suplió voluntariamente, y por cada uno, el dolor que el castigo de la ley habría de imponer sobre nosotros. Él fue el actor principal en la escena de la noche más trágica, de la mañana más tormentosa, de la soledad más abrupta, y del dolor más intenso. Testifico que por sus mejillas se deslizaron las lágrimas más puras y que de una manera inexplicable e incomprensible para el hombre, su sangre se asomó y escurrió por cada poro de su cuerpo. Él es nuestro Rey, nuestro Maestro, y para todos aquellos que soporten su propio Getsemaní, escarnecimiento y Gólgota individual, la promesa es: “No os dejaré huérfanos, vendré a vosotros” (Juan 14: 18).</p>
<p>Pasaran los días, meses y años, y la amargura y tortura de sus dolores presentes se consumirán en la presencia del Señor. Los fieles le verán en una manera muy similar a la descrita por el profeta José Smith:</p>
<p>“Sus ojos eran como llama de fuego: el cabello de su cabeza era blanco como la nieve pura; su semblante brillaba más que el resplandor del sol; y su voz era como el estruendo de muchas aguas, si, la voz de Jehová que decía: Soy el primero y el ultimo, soy el que fue muerto, soy el que vive, soy vuestro abogado ante el Padre” (DyC 110:3-4).</p>
<p>Esto seguro será algo muy personal, no obstante, en mi muy imperfecta pero deseosa imaginación, no me es demasiado difícil proyectar un momento junto a Él, mi Maestro, le abrazaré, lloraré y mi inclinaré ante su faz, mi Rey y el emblema de nuestra Salvación.</p>
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		<title>Tributo a un pionero contemporaneo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Emanuel Ratamal]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 30 Mar 2015 19:57:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Los Mormones]]></category>
		<category><![CDATA[bendiciones]]></category>
		<category><![CDATA[creencias mormonas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p><img width="960" height="720" src="https://losmormones.org/files/2015/03/20150330125254.jpg" class="attachment-small size-small wp-post-image" alt="" loading="lazy" style="margin-bottom:10px;" srcset="https://losmormones.org/files/2015/03/20150330125254.jpg 960w, https://losmormones.org/files/2015/03/20150330125254-300x225.jpg 300w, https://losmormones.org/files/2015/03/20150330125254-186x140.jpg 186w" sizes="(max-width: 960px) 100vw, 960px" />Domingo 03 de agosto del año 2014, el tiempo pareció detenerse… las lágrimas y los semblantes decaídos predominaban en los rostros de los miembros del Barrio Rivas Vicuña, Estaca Santiago Chile Cinco de Abril, un silencio abrasador y reverente reinó en aquella trágica mañana invernal. El amado y respetado hermano Alfonso Berindoague Vila yacía tendido &#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<img width="960" height="720" src="https://losmormones.org/files/2015/03/20150330125254.jpg" class="attachment-small size-small wp-post-image" alt="" loading="lazy" style="margin-bottom:10px;" srcset="https://losmormones.org/files/2015/03/20150330125254.jpg 960w, https://losmormones.org/files/2015/03/20150330125254-300x225.jpg 300w, https://losmormones.org/files/2015/03/20150330125254-186x140.jpg 186w" sizes="(max-width: 960px) 100vw, 960px" /><p><span style="font-family: 'Times New Roman', serif"><span style="font-size: large">Domingo 03 de agosto del año 2014, el tiempo pareció detenerse… las lágrimas y los semblantes decaídos predominaban en los rostros de los miembros del Barrio Rivas Vicuña, Estaca Santiago Chile Cinco de Abril, un silencio abrasador y reverente reinó en aquella trágica mañana invernal.</span></span></p>
<p><span style="font-family: 'Times New Roman', serif"><span style="font-size: large">El amado y respetado hermano Alfonso Berindoague Vila yacía tendido sin vida a media cuadra del edificio de adoración mientras un puñado de sacerdotes contemplaba en afonía aquella conmovedora escena.</span></span></p>
<p><span style="font-family: 'Times New Roman', serif"><span style="font-size: large">Alfonso Berindoague realizó su primer convenio con el Padre Celestial al ser bautizado en enero del año 2013, su entusiasmo por esta perla de gran precio se vio manifiesto en su desempeño en cada una de sus responsabilidades como un discípulo de Cristo.</span></span></p>
<p><span style="font-family: 'Times New Roman', serif"><span style="font-size: large">A poco tiempo de su bautismo se volcó de lleno en la predicación del evangelio, pasando horas enteras y días consecutivos en las calles sirviendo y apoyando como un tercer testigo en las lecciones misionales. Su edad avanzada, sus problemas de salud y los cambios climáticos abruptos poco importaban cuando se trataba de poner una mano al servicio del Señor. En poco tiempo pasó de ser un presbítero a ser un élder en el Sacerdocio Mayor, y de ser el presidente de la clase de Principios del Evangelio a ser un dedicado misionero de barrio. Por cierto que contribuyo en más de una manera, sus habilidades como docente fueron altamente beneficiosas para quienes carecían de educación secular, sus esfuerzos anónimos en la limpieza del edificio fueron frecuentes y su alegría, devoción y gratitud permanentes.</span></span></p>
<p><span style="font-family: 'Times New Roman', serif"><span style="font-size: large">Un hecho casi protocolar se desarrollaba en cada primer domingo de mes a mes, sus pies a paso lento se deslizaban por entre la alfombra del salón sacramental al procurar expresar desde el púlpito sus sentimientos más íntimos por el Salvador del mundo. Con la inocencia de un niño y la experiencia de un hombre de Dios, expresaba sin vacilar sus convicciones y certezas acerca del evangelio restaurado, incluso con aquel rasgo distintivo en sus palabras que le identificaban como un creyente de toda la vida, aunque arraigado previamente al momento de su conversión en otra fe.</span></span></p>
<p><span style="font-family: 'Times New Roman', serif"><span style="font-size: large">Esa mañana fría y de un sol oculto entre las nubes de agosto sería la última en que sus pies se desplazarían en su habitual trayecto hasta la iglesia, un paro cardíaco fulminante frenaría de golpe sus apresurados pasos, la soledad de sus últimos años de vida se consumó en aquella vereda, donde permaneció aferrado sin vida a sus escrituras y con una ofrenda de diezmo en su camisa, justo frente a su corazón.</span></span></p>
<p><span style="font-family: 'Times New Roman', serif"><span style="font-size: large">Muchos podrían decir con cierto grado de lastima; “Oh, no pudo expresar su ultimo testimonio en aquella mañana”, sin embargo, fue precisamente en esa mañana tan simbólica en la que Alfonso Berindoague compartió su testimonio más profundo y el de mayor peso para el alma, y este es que </span></span><span style="font-family: 'Times New Roman', serif"><span style="font-size: large"><b>se puede ser fiel a nuestras convicciones aun hasta exhalar nuestro último aliento de vida.</b></span></span><span style="font-family: 'Times New Roman', serif"><span style="font-size: large"> </span></span></p>
<p><span style="font-family: 'Times New Roman', serif"><span style="font-size: large">Hermano Alfonso, mi buen amigo, quedará en la historia de los cielos como un pionero contemporáneo, uno de aquellos que salió de este mundo con sus pies en dirección a Sión.</span></span></p>
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		<title>Su familia murió mientra servia misión, una verdadera historia de fe.</title>
		<link>https://losmormones.org/2176/misionera-relata-su-vivencia-luego-de-un-ano-de-la-muerte-de-su-familia</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Yamil Inostroza]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Mar 2015 18:03:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Experiencias misionales]]></category>
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					<description><![CDATA[<p><img width="983" height="673" src="https://losmormones.org/files/2015/03/19750.jpg" class="attachment-small size-small wp-post-image" alt="" loading="lazy" style="margin-bottom:10px;" srcset="https://losmormones.org/files/2015/03/19750.jpg 983w, https://losmormones.org/files/2015/03/19750-300x205.jpg 300w" sizes="(max-width: 983px) 100vw, 983px" />Por LDSLiving.com Mientras servía como misionera en la Misión Vancouver Washington, mi familia murió en casa (inclusive mi padre, mi madre y 2 de mis hermanos) a causa de una fuga de monóxido de carbono. Pero hay esperanza de sanación que solo puede ser encontrada a través del evangelio de Jesucristo. El 24 de agosto &#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<img width="983" height="673" src="https://losmormones.org/files/2015/03/19750.jpg" class="attachment-small size-small wp-post-image" alt="" loading="lazy" style="margin-bottom:10px;" srcset="https://losmormones.org/files/2015/03/19750.jpg 983w, https://losmormones.org/files/2015/03/19750-300x205.jpg 300w" sizes="(max-width: 983px) 100vw, 983px" /><p><em>Por LDSLiving.com</em></p>
<p><em>Mientras servía como misionera en la Misión Vancouver Washington, mi familia murió en casa (inclusive mi padre, mi madre y 2 de mis hermanos) a causa de una fuga de monóxido de carbono. Pero hay esperanza de sanación que solo puede ser encontrada a través del evangelio de Jesucristo.</em><span id="more-2176"></span></p>
<p>El 24 de agosto de 2013, el élder Jeffrey E. Holland vino a visitar nuestra misión. Todos los misioneros estaban reunimos en uno de los edificio de la Iglesia, ansiosos de conocerlo. Habló con tal poder que recuerdo el Espíritu testificándome que él era efectivamente un apóstol del Señor y que todo lo que dijo era de Dios.</p>
<p>Recuerdo que nos dio una promesa a cada uno de nosotros. Nos dijo que “al servir sus misiones con todo su corazón, mente y fuerza, sus familias serán protegidas”. Me hice la promesa a mi misma, en ese momento, que sin importar cuan agotada alguna vez me sintiera, iba a servir al Señor lo mejor que pudiera.</p>
<p>El tiempo pasó y enfrenté muchas dificultades. Durante un periodo particularmente difícil le pedí una bendición a uno de mis líderes de zona. En la bendición me dijo que no necesitaba preocuparme por mi hogar, que mi familia estaba segura y permanecerían a salvo a causa de mi decisión de servir. Una vez más, sentí la seguridad de que el Señor guardaría sus promesas.</p>
<p>Pero el 23 de febrero del 2014, justo 3 días después de cumplir un años desde que dejé el Centro de Capacitación Misional, mi vida cambió para siempre.</p>
<p>Eran las 10:30 de una noche de domingo y en el momento en que terminaba de hacer mi oración para ir a dormir, golpearon la puerta. Después de una desconcertante pausa, mi compañera y yo fuimos a responder a la puerta. Ahí estaban las últimas dos personas que hubiéramos esperados que estuvieran: nuestro presidente de misión y su querida esposa, ambos con una expresión de gravedad.</p>
<p>Me dieron un abrazo y en ese momento supe que algo andaba muy, muy mal. Con lagrimas en sus ojos y con voz temblorosa, mi presidente de misión me dijo lo inimaginable. Había ocurrido un accidente en mi casa en Idaho. Durante la noche anterior la casa se había llenado de monóxido de carbono, matando así a mi mamá, mi papá y mis dos hermanos menores, Keegan y Liam.</p>
<p>Estaba tan consternada que no podía respirar. No podía creerlo. Recién había hablado con ellos en Navidad. Recién le había escrito un correo electrónico a mi mamá la semana pasada. Pero, entre más trataba de negarlo, sabía en mi corazón que era verdad. Mi compañera y yo empacamos algunas cosas y pasamos la noche en la casa de misión.</p>
<p>Mi presidente de misión ofreció darme una bendición. Sentí que necesitaba una con urgencia y me dio una poderosa bendición. Aunque no puedo recordar todas las palabras que dijo, si recuerdo la paz que sentí y que me consoló. Sin embargo esa noche me acosté sin poder dormir, el desastre no me había golpeado totalmente aún.</p>
<p>El día siguiente se volvió como una nebulosa mientras recibía muchas cartas de apoyo. Se me permitió hablar con mi tercer hermano, Ian, quién también estuvo lejos de la tragedia porque estaba sirviendo una misión en la Misión Dakota del Sur Rapid City. Ambos estabamos confundidos e inseguros sobre lo que íbamos a hacer sin nuestra familia.</p>
<p>La semana siguiente, volé a Salt Lake City y me encontré con Ian. Habías pasado 18 meses en los que no nos habíamos visto y estaba muy feliz de verlo. Volamos juntos a Pocatello y nos bajamos del avión abrazados. Saludamos a otros miembros de nuestra familia mientras lloraban. Así es como nuestra familia nos vió: unidos en el intento de permanecer juntos y aprender del otro para apoyarnos.</p>
<p>Para mi, el tenerlo conmigo me brindó fortaleza. Eramos inseparables esa semana.</p>
<h2>El funeral</h2>
<p><a href="http://es.elds.org/losmormones-org/files/2015/03/19751.jpg" rel='prettyPhoto'><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-2178" src="https://es.elds.org/losmormones-org/files/2015/03/19751.jpg" alt="19751" width="794" height="534" srcset="https://losmormones.org/files/2015/03/19751.jpg 794w, https://losmormones.org/files/2015/03/19751-300x202.jpg 300w" sizes="(max-width: 794px) 100vw, 794px" /></a></p>
<p>Vimos tremendas demostraciones de cariño durante el funeral. Tantas personas asistieron que lo tuvieron que transmitir a dos centros de estaca.</p>
<p>Sabíamos que muchas de las personas que asistirían no eran miembros de la Iglesia. Las personas que hablaron testificaron del plan de salvación y alguien cantó la canción “Sus manos”. El Espíritu era muy fuerte y hubieron muchos que comentaron sobre el sentimiento de paz presente.</p>
<p>Un miembro de los Setenta, el élder Lawrence E. Corbridge, también asistió al funeral y compartió una carta escrita por el presidente Monson para nuestra familia. El presidente Monson escribió: “En este difícil momento, es difícil entender desde una perspectiva mortal, pero necesitamos entender que la muerte es un paso necesario, y su familia se está preparando para unirse otra vez”. Estas palabras y el apoyo que recibimos de la Iglesia entregó mucho consuelo a nuestra familia y mostró a todos en el funeral (miembros y no miembros) que los líderes de la Iglesia se preocupan profunda e individualmente de sus miembros.</p>
<h2>Comenzar una “nueva normalidad”</h2>
<p>No mucho después de eso, estaba hablando con un amigo muy cercano que también había perdido a su madre inesperadamente hace 6 meses. Mientras conversábamos sobre nuestros sentimiento, sobre la vida y sobre lo que ibamos a haber, ella me dijo: “solo trato de descubrir mi nueva normalidad”</p>
<p>Esa frase me golpeó. La vida que conocía antes se había ido y nunca iba a volver a ser lo mismo. Pero mi vida se adaptaría, de alguna manera, al abrupto cambio y algún día volvería a ser “normal” otra vez. Sería diferente, sería nuevo y eventualmente se llegaría a ser mi nueva normalidad.</p>
<p>Al comienzo, en medio del intento de recobrar y encontrar mi “nueva normalidad”, otra pregunta nos perseguía a mi hermano y a mí: “¿cuando van a volver al campo misional?”</p>
<p>Ninguno de nosotros estaba seguro de qué era lo que se esperaba que hiciéramos, pero ambos queríamos hacer lo correcto. Por tanto decidimos que ambos oraríamos por separado para descubrirlo en nuestras mentes y tomar nuestra mejor decisión. Pasaron un par de días e Ian sintió que ya había recibido sus respuesta de inmediato y que tenía la impresión de que debía permanecer en la casa. Yo, por el otro lado, sentía que el Señor no estaba respondiendo mis oraciones.</p>
<p>La mañana del sábado siguiente un claro pensamiento vino a mi mente. Supe que no era yo. Simplemente decía “necesitas escribir un blog sobre tu experiencia”. Pense que era raro. Había blogueado durante mi misión luego que la Primera Presidencia anunciara que los misioneros comenzarían a usar herramientas de proselitismo en línea, pero compartía, más que nada, impresiones sobre las escrituras. Nunca compartí nada muy personal, pero entre más pensaba sobre eso, más sentía que era lo correcto. Había recibido una respuesta. No sabía cómo lo haría, pero la impresión era muy fuerte.</p>
<p>Para seguir mi impresión, comencé a escribir sobre mi experiencia. Mi primera entrada fue corta y simple, explicaba lo que había pasado y el objetivo de mi blog.</p>
<p>No estaba muy segura de qué esperar de todo esto y no sabía si alguien lo iba a leer, pero definitivamente no estaba esperando la respuesta que obtuve. Mis amigos no solo me animaron, sino que también lo compartieron con sus amigos y eso llevó a que personas que nunca había conocido también compartieran mi historia y mi testimonio.</p>
<p>Empecé a recibir mensajes de personas que habían leído mis publicaciones. Algunos me dejaron mensajes de gratitud y me dijeron que mis palabras habían sido la respuesta a sus oraciones. Otros me explicaban que habían perdido a un ser querido pero nunca supieron cómo compartir sus sentimiento y que mi blog les había ayudado. Otras personas me preguntaban si podían usar mis publicaciones para sus lecciones en la Iglesia o en discursos sacramentales.</p>
<p>Mientras todo esto ocurría, me sentí muy humilde al saber que estaba ayudando a personas a través de mi experiencia y mis palabras.</p>
<h2>Una decisión de volver</h2>
<p>Durante el año pasado, aprendí que a veces el Señor nos pide cumplir con mandamientos que no entendemos. A veces Él nos pide hacer algo muy difícil cuando nos sentimos extremadamente débiles. Otras veces nos pide que hagamos más cosas que las que nosotros pensamos que somos capaces de hacer. Pero, en la medida que le ponemos a Él en primer lugar, las bendiciones llegan.</p>
<p>Dos meses después del funeral, Ian y yo pudimos asistir a la conferencia general de abril en Salt Lake City.</p>
<p>Cerca de una semana después, Ian y yo estamos conversando y me confesó que durante la conferencia general sintió una fuerte impresión del Espíritu de que necesitaba terminar su misión. Eso había estado en su mente la semana completa y estaba ansioso por volver.</p>
<p>Ian se fue dentro de las siguientes dos semana. Se fue tranquilo y se lo comentó solo a pocas personas. La devoción de mi hermano por el Señor me ayudó para superar mi pena de verle partir de nuevo.</p>
<h2><a href="http://es.elds.org/losmormones-org/files/2015/03/19755.jpg" rel='prettyPhoto'><img loading="lazy" class="aligncenter size-full wp-image-2179" src="https://es.elds.org/losmormones-org/files/2015/03/19755.jpg" alt="19755" width="461" height="310" srcset="https://losmormones.org/files/2015/03/19755.jpg 461w, https://losmormones.org/files/2015/03/19755-300x202.jpg 300w" sizes="(max-width: 461px) 100vw, 461px" /></a></h2>
<h2>Nunca estamos solos</h2>
<p>Ha pasado un año desde el fallecimiento de mi familia. La gente aún me pregunta cómo estoy. No siempre tengo la respuesta para eso.</p>
<p>Hay días que son intensamente difíciles. A veces hay días en que duele levantarse en la mañana. Aún pienso muchas veces en el día en mi mamá, mi papá, Keegan y Liam.</p>
<p>Ha sido un año dura para mi y mi familia, por decirlo menos, pero también a sido un año de bendiciones. Las tiernas misericordias del Señor nunca cesan. Mi misión me ayudó para prepararme para estas experiencias; no obstante, al regresar a casa fue cuando tuve que poner sinceramente a prueba aquellas lecciones. Descubro que cuando no leo mis escrituras, o si no me doy el tiempo para realmente hablar con mi Padre Celestial, ahí es cuando entra el adversario. He aprendido que no puedo hacer esto sin la ayuda de mi amoroso Padre Celestial.</p>
<p>También he llegado a amar, apreciar y entender mejor la Expiación de Jesucristo. Sé que nunca la entenderé por completo durante mi etapa probatoria en el plan eterno del Padre Celestial, pero tengo un firme testimonio de eso. He llegado a darme cuenta que la Expiación no es solo para que podamos arrepentirnos, la Expiación fue un acto de servicio por amor a nosotros y se llevó a cabo para que podamos arrepentirnos y estar con nuestras familias terrenales y nuestra familia celestial para siempre.</p>
<p>Y por eso estoy eternamente agradecida.</p>
<p>A menudo reflexiono sobre esa bendición apostólica que se me dió como misionera y me he llegado a dar cuenta que la bendición del élder Holland fue cumplida. Mi familia está bien. No, ellos no están con Ian y conmigo ahora, pero ellos siempre están cerca de nosotros. Están más seguros de lo que nunca antes pudieron estarlo aquí en la tierra.</p>
<p>Somos una familia eterna y el Padre Celestial guardó su promesa de mantener a mi familia a salvo si Ian y yo servíamos nuestras misiones con todo nuestro corazón, poder, miente y fuerza. Y siempre nos esforazaremos para ser dignos de esa promesa al seguir cumpliendo con nuestras misiones en esta tierra.</p>
<p>Descubre más de Parrish en su blog: <a href="http://jensparrish8.blogspot.com/">jensparrish8.blogspot.com</a></p>
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